“¡Papá! ¡Papá!, ven a la piscina… me lo prometiste”, decía Rubén con castañeo de dientes y los labios morados a punto de congelación. Paco, su padre, estaba en la gloria era su momento zen: tumbado en el jardín a la sombra, con su bebida y leyendo un buen libro. Pero ya no le quedaban excusas [...]








